Los veinte minutos iniciales son muy llamativos. Un minero en medio de una soledad absoluta, enfrentando un entorno opresivo y difícil, buscando sacarle provecho, y sin un sólo comentario, ni siquiera un pensamiento. La rara fascinación se experimenta al ver como se puede expresar tanto, tan sólo con imágenes. Luego, el golpe de suerte que lo lleva a transformarse en petrolero, permite apreciar la creación de todo un entorno: las sociedades paupérrimas que se ubican alrededor de la planta de extracción de petróleo, sus miserias, sus ambiciones, sus luchas por la repartición de poder, las bajas pasiones alrededor de todo un pueblo. ¡Notable!. En medio de dicho entorno, igual de intenso y llamativo, encontramos el desarrollo de un personaje: Plainview, magníficamente interpretado por Daniel Day-Lewis, quien a medida que va creciendo económicamente y concentrando más poder a su alrededor, se va degradando, amplificando sus miserias, destruyendo cada valor rescatable del ser humano. Magnifico balance entre lo que va sucediendo en el pueblo y el personaje principal de la historia.
Paul Thomas Anderson, el director, se lleva las palmas mayores. No sólo es magnifico en la creación de la atmósfera, es además extraordinario en el desarrollo de la compleja personalidad de Plainview: la soledad del trabajador pobre, luego transformado en extractor de petróleo, y más adelante en vendedor y negociador perspicaz de proyectos de extracción. Anderson agrega matices a lo interno, mostrando la interacción de Plainview con sus seres más cercanos: la ambigua relación con su hijo adoptivo, la otra con su falso medio hermano, el fastidio hacia todos los seres que trabajan para el, el desprecio hacia sus competidores cercanos. Para desarrollar tamaño material, Anderson supo manejar el timming adecuado (“paciencia” debe haber sido su mayor arma mientras iba “pintando” su obra maestra). Un director para seguir muy de cerca. ¡Notable!
Daniel Day-Lewis por su lado, utiliza toda una gama de recursos llamativos: las largas miradas que transmiten tanto; la variación en la entonación de la voz; la violencia desmedida en situaciones extremas. Su complejo papel genera muchísima empatía en algunos casos, y repulsión en otros. Sórdido, devastador, corajudo, explosivo, humorístico. Un personaje lleno de matices con una única misión en la vida: adquirir más poder. Poderosa interpretación de quien muy probablemente sea el mejor actor de toda su generación.
Por otro lado, ¡que papel tan convincente el de Paul Dano! Aquel adolescente insoportable que se negaba a hablar en “Little Miss Sunshine”, representa aquí a un apasionado pastor evangélico que presencia el ascenso de Plainview en medio de la pobreza de un pueblo, y que se opone en algunos casos o trata de recibir parte de las ganancias en otros. La ambigüedad de Dano es la perfecta contraparte a la actuación de Day-Lewis. Muy llamativo lo logrado en esta película por este joven actor.
El final es desencantador y con una violencia tan descontrolada que puede dejar un ligero sabor amargo a muchos. Es sin embargo, bastante coherente con el desarrollo del personaje principal a lo largo de todo el film. “¡La mejor película que he visto en los últimos diez años!” -dijo aquel señor-. “Muy probablemente” -¡me hubiera gustado responderle!-.
¡Hasta la próxima cinéfilos!
- Martin Allen
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