Reducida a un poco más de dos horas (140 minutos), el ritmo trepidante del film hace que esta pase como un soplo. Dahan nos ofrece un guión exquisito que nos permite apreciar a la cantante desde muy distintas facetas, lo cual enriquece su personaje al máximo. La película pasa por etapas que marcan los puntos de inflexión en la vida de la cantante, y son mostradas en escenas muy logradas: la relación aún de niña con la prostituta Titine (Emmanuelle Seigner); la devoción por Santa Teresa y el incidente de la ceguera; la escena con su padre haciendo contorsionismo en la calle cuando ella canta “La Marsellesa”; el momento en el que Louis Leplee (Gerard Depardieu) la descubre y luego la renombra como Le Mome Piaf; la primera cita con Marcel Cerdan (Jean-Pierre Martins) cuando descubre el verdadero amor, aunque será un amor prohibido; la recurrente escena de la Piaf a los 42 años, aunque ya parecía una anciana decrepita, cantando en el Olympia “Non, Je ne regrette rien” (No, yo no lamento nada), canción que marcará el final de su carrera, escena que abre el film. ¡En fin!, son muchas tomas notables que van marcando un destino siempre llevado a los extremos, logros y tragedias, felicidad máxima y tristeza absoluta.
Dos escenas sin embargo son para mi las que quedarán grabadas por siempre por su notable belleza:
UNO: tras agotadores ensayos con su nuevo apoderado, la Piaf se presenta para su relanzamiento como cantante; una escena bellísima, sin sonido, en la que se enfocan sus manos y ella cantando de espaldas y un publico que pasa de la incredulidad a la sorpresa y luego al delirio ¡emocionante!; y
DOS: el último encuentro de la Piaf con su gran amor, Marcel Cerdan, luego de haberle pedido que viaje de Marruecos a Nueva York solo para verla. Escena desesperada, intensa, dolorosa y triste, pero tan llena de belleza a la vez. ¡Brillante aquí lo de Olivier Dahan!
Marion Cotillard ha sido aclamada a nivel mundial por su interpretación de la Piaf, y con justa razón. Desbordando carisma e intensidad, la actriz logra una actuación poderosa, utilizando una gama de recursos realmente sorprendentes. Ella no sólo nos deleita con gestos siempre perfectos, sino que además nos sorprende transmitiendo mucho a través del uso de movimientos. Imagen encorvada y lenta en las etapas de mayor debilidad, llena de energía durante su mayor esplendor, casi carente de movimiento en la decrepitud. Los puntos más notables de la película descansan en la actuación y carisma de esta francesa de aspecto raquítico, pero que desborda y trasmite una energía y una pasión fuera de lo común.
El equipo de maquillaje es uno de los aliados más notables de la Cotillard, que hace creíble todas las edades que representa la actriz en escena. Cual camaleón, la actriz se transforma en escena y en sus últimos días logra parecerse a una anciana decrepita (tenia tan solo 47 años), tal como se supone sucedió en la vida real, tras superar su adicción a la morfina y seguir presa de sus problemas reumáticos. Extraordinario el equipo detrás de cámaras en este aspecto.
La edición por su lado es claramente lo mas pobre de esta obra, en especial en la última parte del film. La película muestra al principio a la cantante recordando en paralelo dos ejes principales de su vida: la etapa de su niñez y la época de su crecimiento como cantante. Pasada la primera hora y media sin embargo, la cinta entra en un ir y venir por diferentes momentos de la vida de la Piaf, de manera atropellada y en desorden, dejando la sensación de mostrar eventos totalmente inconexos y confusos. ¡Experimento poco feliz este final de Olivier Dahan! No sólo la presentación es poco afortunada, las escenas parecieran formar parte de un glosario de historietas superfluas. La extraña escena de la hija muerta por meningitis, por citar el error más notable en esta última parte, esta totalmente fuera de sitio, y en lugar de darle la importancia que debió haber tenido, queda reducido a la anécdota insustancial, sin lograr el efecto buscado. ¡Una hora antes, quizá hubiera sido una escena clave! Triste, pues lejos de agregar otros matices a la compleja personalidad de la Piaf, termina por restar a lo iba en camino de ser una obra maestra.
A pesar de estos notables errores, La Vie en Rose es una obra bastante aceptable, muy superior a la mayoría de películas que pasan por la cartelera. Un homenaje a un icono del siglo pasado, que sin alcanzar para obra maestra, logra con facilidad la calificación de obra superior.
¡Hasta la próxima cinéfilos!
- Martin Allen
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