
“¡La mejor película que he visto en los últimos diez años!” dijo un señor a la salida del cine. Lo escuche, y tras meditar un poco, pienso que no está muy alejado de la realidad. “There Will Be Blood” es una película extraordinaria, de aquellas que muy rara vez aparecen en nuestra Hollywoodense cartelera.
Los veinte minutos iniciales son muy llamativos. Un minero en medio de una soledad absoluta, enfrentando un entorno opresivo y difícil, buscando sacarle provecho, y sin un sólo comentario, ni siquiera un pensamiento. La rara fascinación se experimenta al ver como se puede expresar tanto, tan sólo con imágenes. Luego, el golpe de suerte que lo lleva a transformarse en petrolero, permite apreciar la creación de todo un entorno: las sociedades paupérrimas que se ubican alrededor de la planta de extracción de petróleo, sus miserias, sus ambiciones, sus luchas por la repartición de poder, las bajas pasiones alrededor de todo un pueblo. ¡Notable!. En medio de dicho entorno, igual de intenso y llamativo, encontramos el desarrollo de un personaje: Plainview, magníficamente interpretado por Daniel Day-Lewis, quien a medida que va creciendo económicamente y concentrando más poder a su alrededor, se va degradando, amplificando sus miserias, destruyendo cada valor rescatable del ser humano. Magnifico balance entre lo que va sucediendo en el pueblo y el personaje principal de la historia.
Paul Thomas Anderson, el director, se lleva las palmas mayores. No sólo es magnifico en la creación de la atmósfera, es además extraordinario en el desarrollo de la compleja personalidad de Plainview: la soledad del trabajador pobre, luego transformado en extractor de petróleo, y más adelante en vendedor y negociador perspicaz de proyectos de extracción. Anderson agrega matices a lo interno, mostrando la interacción de Plainview con sus seres más cercanos: la ambigua relación con su hijo adoptivo, la otra con su falso medio hermano, el fastidio hacia todos los seres que trabajan para el, el desprecio hacia sus competidores cercanos. Para desarrollar tamaño material, Anderson supo manejar el timming adecuado (“paciencia” debe haber sido su mayor arma mientras iba “pintando” su obra maestra). Un director para seguir muy de cerca. ¡Notable!
Daniel Day-Lewis por su lado, utiliza toda una gama de recursos llamativos: las largas miradas que transmiten tanto; la variación en la entonación de la voz; la violencia desmedida en situaciones extremas. Su complejo papel genera muchísima empatía en algunos casos, y repulsión en otros. Sórdido, devastador, corajudo, explosivo, humorístico. Un personaje lleno de matices con una única misión en la vida: adquirir más poder. Poderosa interpretación de quien muy probablemente sea el mejor actor de toda su generación.
Por otro lado, ¡que papel tan convincente el de Paul Dano! Aquel adolescente insoportable que se negaba a hablar en “Little Miss Sunshine”, representa aquí a un apasionado pastor evangélico que presencia el ascenso de Plainview en medio de la pobreza de un pueblo, y que se opone en algunos casos o trata de recibir parte de las ganancias en otros. La ambigüedad de Dano es la perfecta contraparte a la actuación de Day-Lewis. Muy llamativo lo logrado en esta película por este joven actor.
El final es desencantador y con una violencia tan descontrolada que puede dejar un ligero sabor amargo a muchos. Es sin embargo, bastante coherente con el desarrollo del personaje principal a lo largo de todo el film. “¡La mejor película que he visto en los últimos diez años!” -dijo aquel señor-. “Muy probablemente” -¡me hubiera gustado responderle!-.
¡Hasta la próxima cinéfilos!
- Martin Allen

Tremendo trabajo el que por casi veinte años vienen desarrollando los hermanos Cohen. “Raising Arizona”, fue su primer gran éxito a principios de los 90’s, pero recién con “Miller’s Crossing" logran que la critica mundial se rinda ante ellos. Pocos años después presentan Fargo, que alcanzo también reconocimiento de la critica y alta recaudación en taquilla, pero a partir de ahí, se fueron apagando. “O Brother, Where Art Thou?” fue quizá lo mas destacado que realizaron desde entonces, aunque la respuesta del publico ya no era la de antes lo que hacia pensar que el talento de los dos hermanos se estaba diluyendo.
¡Pero que manera de regresar! “No Country For Old Men” debe ser claramente la mejor película que hayan realizado en toda su carrera. “No Country…“ es un film extraordinario, que muestra una dirección brillante, actuaciones poderosas y un guión extremadamente sólido. Una obra maestra que pronto se convertirá en un clásico.
Sin ser un western, la cinta por momentos rememora las viejas persecuciones en el viejo oeste, por carreteras polvorientas alrededor de pueblos semi-desiertos. Llewelyn Moss, interpretado por Josh Brolin, es un hombre de familia que encuentra un maletín con dos millones de dólares en medio de una matanza por un asunto de drogas. Lo que no sabe es que Anton Chigurh, el psicópata interpretado por Javier Bardem, esta tras el botín y lo perseguirá de manera implacable, desatando violencia y destrucción a su alrededor, en su obsesión por conseguir el dinero.
La actuación de Javier Bardem merece una crítica aparte. Bardem es un actor detallista, que siempre ha interpretado sus papeles con una minuciosidad muy llamativa. Sus actuaciones siempre han sido muy logradas, aunque en “Mar Adentro” había conseguido los aplausos mayores a nivel mundial. En “No Country…” demuestra que puede llegar a limites insospechados, siempre que haya alguien que quiera y sepa explotar todo su talento. ¡El asesino Chigurh es el papel de su carrera! Un personaje sórdido que imprime un aire de tensión tremendo en cada aparición en pantalla. Es el cazador que va tras su presa, con el cual no se podrá negociar ni hacerlo desistir de la búsqueda de sus objetivos. Para mi gusto, el criminal mas tenebroso en pantalla desde el hoy ya lejano caníbal Lecter.
Los detalles truculentos alrededor de este personaje son muy llamativos: la moneda que lanza al aire para decidir la suerte de personajes desvalidos, la pistola de aire comprimido que utiliza tanto para asesinar como para abrir puertas, el aire de hostilidad latente durante las tenebrosas conversaciones con sus victimas antes de matarlas, absolutamente todo alrededor de Bardem es insano, torcido y lleno de tensión. El desarrollo de los demás personajes junto con sus respectivas interpretaciones son también muy bien logradas, en especial dos de ellos: Josh Brolin, como el típico esposo de campo, terco como una mula y creedor que el sólo puede hacerlo todo; y Tommy Lee Jones como el viejo sheriff que esta ya cansado de luchar contra un mundo cambiante que no termina de entender. Los tres junto al resto del reparto hacen un muy competente y complejo trabajo alrededor de una historia logradísima.
El guión es envolvente: en pocos minutos el espectador se ve inmerso en la historia y difícilmente se puede salir de ella. La tensión va en aumento, y todo va encajando como un rompecabezas perfecto. La historia es pausada por momentos, con rápidos cambios de ritmo en especial en las apariciones de Bardem. Muy llamativo también la falta de sonido o música en muchas escenas, lo cual logra un efecto mayor de suspenso al climax de cada escena. Un film redondo por donde se le mire.
Acierto de la Academia (que para mi gusto, rara vez le atinan), el haber premiado esta película en categorías tan importantes. No sólo Bardem se llevo con justicia el Oscar al Mejor Actor de Reparto, los Cohen cosecharon triunfos, muy merecidos también, en los rubros de Guión Adaptado, Director y Mejor Película. ¡Punto para la Academia!. Sin embargo, “No Country…” no es ni de cerca para todo publico. Muchos no la verán con buenos ojos, y saldrán defraudados, porque se aleja muchisimo de los formatos a los que nos tiene acostumbrado Hollywood. Esta es una película dura, sórdida e insana. Los hermanos Coen demuestran que cuando la violencia es manejada de manera coherente, se pueden entregar cintas logradísimas. “No Country…” es Cine en su mas pura expresión.
¡Hasta el próximo Miércoles cinéfilos!- Martin Allen